El encuentro
Por primera vez en mucho tiempo, voy a la cama sin preocupaciones, contenta por un día cotidiano, estoy en paz.
Hace mucho que no me estremece recordar viejos amores, hace tiempo que no me afectan los ecos de esas voces aterradoras acercándose a mi oído, las he escuchado tanto que ahora estoy acostumbrada. Viejas palabras que hoy me arrullan.
Me desvisto muy lento, el sueño me está venciendo, los calcetines se resisten y sin más me quedo dormida sobre las cobijas.
La ventana va dejando el paso libre a la luna, que me ilumina con fuerza, porque le gusta coquetearme. Sonrío entre sueños, estoy cómoda, flotando. De pronto siento sed e intento incorporarme, pero mis pies no responden, mis ojos no se abren, intento relajarme pero no da resultado, quiero gritar pero mi boca no me hace caso.
Siento un fuerte ardor en el pecho, la sed es extrema, los labios se me secan y, de repente, salgo disparada de mi cama. Pero algo no anda bien, estoy flotando sobre mi cuerpo, estoy observándome dormir. De repente ya no siento sed ni cansancio. Decidí quedarme quieta viéndome desde lejos.
Mi pecho se hunde con buen ritmo, respiro de forma casi imperceptible. Mi semblante es tranquilo, no estoy sufriendo en mis sueños, mis ojos no están hinchados y mis labios se ven ligeramente ásperos.
Es mi deber humedecerlos, quizá en éste sueño pueda hacerlo, quiero decir, me estoy viendo dormir, ¿Acaso no puedo hacer cualquier cosa?
Me voy acercando a mí, poco a poco, no quiero despertame, me doy un beso y descubro que puedo sentir la calidez y humedad. Vuelvo a besarme, ésta vez pensando en todo el amor que puedo sentir, tratando de recordar la primera vez que besé al que creí el amor de mi vida.
La sensación fue espectacular, vibró mi ser, pude verme iluminada por pasión y deseo, pude ver la gran capacidad de entrega que mi cuerpo y mi alma generan. Me acaricié el cabello, supe la suavidad y delicadeza que tienen mis dedos cuando rozan alguna piel. Me supe hermosa, contemplé mis piernas y supe que era fuerte, me vi durmiendo y conocí la ternura y compasión, la virtud que despiertan mis sueños.
Me dejé caer a mi cuerpo, desperté tranquila. He encontrado al amor de mi vida.

Comentarios