El risco

Mi sueño carece de interpretación lógica, carece de todo sentido real, de toda expectativa de mi parte, yo sólo estoy aquí hoy, como testigo del personaje al que le dí vida en un mundo lejano.

Abro los ojos y me encuentro con una visión imponente de la naturaleza, todo es arena y mar, colores que contrastan hasta hacerme recordar el útero de mi madre, colores que recuerdan que hay vida, vida en la arena, vida en el mar, vida en el sol que alumbra nuestra cara, que absorbe con cada rayo lo que en un principio le perteneció. Sin duda caminar por esta vida es regresar a él, no hay otra explicación, somos espectros de luz, que vagamos sin destino.

Puedo oler la sal, puedo tocar el agua y noto como me toca a mí, burbujea para acariciarme y todo es calmo, todo está conectado. No tengo piel, no siento piernas o materia, me deslizo como si nadara, no hay peso ni formas, pero sé que estoy, que soy.

A lo lejos se aprecia un enorme risco elevado solitariamente en medio del mar. El muy soberbio me habla con cada piedra que contiene y yo, sin resistir más, me dirijo a su cántico. Como iniciado ante un gran llamado.

En el punto más alto del risco, existe algo que hizo a mi espectro cobrar fuerza. Existes tú. Sé que eres tú. Al instante estoy contigo pero no estamos solos, tienes compañía, una luz cálida y hogareña que te salvaguarda cada día. No me altero,nos encontramos en una trinidad de perfecta paz.

Sin embargo el risco se estremece, nos siente en él y no le gusta. Al instante tomamos forma y las dos perdemos el equilibrio en el despeñadero con la única esperanza de sujetarnos cada una a cada brazo tuyo.

Te contemplan ahora dos pares de ojos,  los de ella y los míos. En los de ella existe el reflejo de cada encuentro, cada chispa que alimenta el fuego de una gran hoguera que se materializa en el fondo del mar.
La hoguera espera paciente con sus brazos listos para atraparnos, me está susurrando al oído mi nombre y me empieza a excitar.

 El reflejo de tus ojos están llenos de horror, de desesperación porque sabes que tienes que soltar una mano.

En el reflejo que proyecta tu mirada y la mía, encuentro nuestros rostros enredados en uno solo, por una mitad tu cara, por la otra mitad la mía, nos encuentro uno frente al otro, mirando nuestros cuerpos, tan sólo mirándonos y lo sabemos absolutamente todo, todo lo que hay y lo que habrá.

Cuando me voy dando cuenta nuestras almas se han unido, me encuentro serena y estoy más lúcida que nunca, sé que viviré en tus ojos, sé que mi altar se encuentra a salvo, sé que el universo descansará por siempre en tus brazos.

Fue entonces que me solté de tu mano.

Mientras gritabas soltaste tantas lágrimas que me empaparon para purificarme de todo mal, me prepararon para mi final, mientras caía con una sonrisa.

Nos hemos vuelto uno.









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