Cruz
Caminando en este valle; rumbo al lugar para el que todos vamos, pensaba en lo inmortal del cangrejo. Pensé y pensé, no tenían sentido ninguna de las palabras que producían mis labios, no tenían sentido ninguno de mis pensamientos, todo estaba difuso, caminaba porque tenía que hacerlo, caminaba porque debía hacerlo, porque podía, porque necesitaba hacerlo. Existían luces lejanas, parecidas a las estrellas. Existían árboles, pasto,piedras, infinidad de caminos,de miradas que parecían observarme pero no, nunca lo hacían.
Sólo podía distinguir que pasaba lo que llamamos tiempo, porque noté mi hambre, dolía el estómago exigiéndome alimento. Me puse a buscar comida ,ya estando cerca de los árboles encontré unos hongos y -lo que en verdad captó mi atención- un objeto de madera.
Estaba descuidado, maltratado por la tierra que le rechazaba por no pertenecer a ese lugar de hongos. El objeto tenía una forma muy particular: dos barras puestas una sobre otra de forma opuesta. -Qué curioso- pensé -en estos tiempos, ¿quién haría utensilios así? tan primitivos...Sin embargo me quedé absorta,no sabía muy bien si por el aburrimiento pero me dispuse a olfatearlo e ,incluso, lo mordisqueé un poco. Cuando lo hice me ruboricé avergonzándome por mi instinto animal, por tratar de descifrar la extrañeza del objeto.
La puse sobre mi cabeza, pero no se quedó, pensé que tal vez era para ponerse en los pies pero dolió. Comenzaba a hartarme de no hallarle lugar adecuado, otros de mi especie me ridiculizarían por hacer este tipo de cosas, pero ya somos pocos aquí y, honestamente, no nos interesa lo que pase entre nosotros. Vamos sin vestimenta, enseñando descaradamente nuestra desnudez porque ya no hay nada que ocultar, ya no hay historias ocultas, ya no hay modas, ciencias, religiones, Estados, familias...Como dije antes ya no hay nada que le importe a nuestra especie y es quizá por esa misma situación que, al encontrar esa cosa fuera de lo que aquí todos asumimos tranquilamente, de lo que esperamos pacientes, que me convencí de hacer ese objeto mío.
Ya derrotada por mis intentos de conservarlo lo tomé y suspirando mi fracaso lo puse cerca del pecho, cuando de repente sentí algo tibio, me dio la sensación de que era el lugar correcto, que debía mantenerlo allí.
La madera se desmoronó en instantes, pero dejó grabada entre mis senos su forma. Forma que cargué hasta el fin de mis días, forma que me distinguió de lo que solemos ver. Forma que yo nombré "Cruz" pues me pareció un nombre correcto. Me recordó una leyenda ancestral, en donde alguien muy importante había vuelto símbolo un trozo de madera, podríamos decir que la Cruz lo había dominado, superado, porque ya nadie recordó a ese hombre, recordó el símbolo, así como yo recordaré siempre como se impregnó en mi piel el más sublime producto de la creencia humana
Sólo podía distinguir que pasaba lo que llamamos tiempo, porque noté mi hambre, dolía el estómago exigiéndome alimento. Me puse a buscar comida ,ya estando cerca de los árboles encontré unos hongos y -lo que en verdad captó mi atención- un objeto de madera.
Estaba descuidado, maltratado por la tierra que le rechazaba por no pertenecer a ese lugar de hongos. El objeto tenía una forma muy particular: dos barras puestas una sobre otra de forma opuesta. -Qué curioso- pensé -en estos tiempos, ¿quién haría utensilios así? tan primitivos...Sin embargo me quedé absorta,no sabía muy bien si por el aburrimiento pero me dispuse a olfatearlo e ,incluso, lo mordisqueé un poco. Cuando lo hice me ruboricé avergonzándome por mi instinto animal, por tratar de descifrar la extrañeza del objeto.
La puse sobre mi cabeza, pero no se quedó, pensé que tal vez era para ponerse en los pies pero dolió. Comenzaba a hartarme de no hallarle lugar adecuado, otros de mi especie me ridiculizarían por hacer este tipo de cosas, pero ya somos pocos aquí y, honestamente, no nos interesa lo que pase entre nosotros. Vamos sin vestimenta, enseñando descaradamente nuestra desnudez porque ya no hay nada que ocultar, ya no hay historias ocultas, ya no hay modas, ciencias, religiones, Estados, familias...Como dije antes ya no hay nada que le importe a nuestra especie y es quizá por esa misma situación que, al encontrar esa cosa fuera de lo que aquí todos asumimos tranquilamente, de lo que esperamos pacientes, que me convencí de hacer ese objeto mío.
Ya derrotada por mis intentos de conservarlo lo tomé y suspirando mi fracaso lo puse cerca del pecho, cuando de repente sentí algo tibio, me dio la sensación de que era el lugar correcto, que debía mantenerlo allí.
La madera se desmoronó en instantes, pero dejó grabada entre mis senos su forma. Forma que cargué hasta el fin de mis días, forma que me distinguió de lo que solemos ver. Forma que yo nombré "Cruz" pues me pareció un nombre correcto. Me recordó una leyenda ancestral, en donde alguien muy importante había vuelto símbolo un trozo de madera, podríamos decir que la Cruz lo había dominado, superado, porque ya nadie recordó a ese hombre, recordó el símbolo, así como yo recordaré siempre como se impregnó en mi piel el más sublime producto de la creencia humana
Comentarios