Edición.

Me gustaría editar esa historia. Igual no sería lo más ético, pero no soy editora y quizá todo esto sería una mejor versión.

Quizá te hubiera reencontrado después de tantos años y te hubiera dejado pequeñas pistas para que poco a poco, llegaras a mí.

Me habría tomado el tiempo para re-descubrirte, de la mejor manera, desde tus ideas. Sería más paciente en dejarte hacer, me permitiría por primera vez recibir en lugar de darlo todo. 

Dejaría que me enseñaras tus canciones, te acompañaría en el viaje sin dejar de lado el mío.

Te preguntaría lo que cambió para ti de años a la fecha y me habrías contado esa maravillosa transformación en tu teoría de la vida y del mundo. Habría dejado pasar más tiempo entre nuestras disculpas y un beso.  

Quitaría mi poca paciencia y mis tempestades, quitaría todo intento de expectativa. Me habría cuidado mejor. Sí, cuando me cuento esa historia tiene más sentido.

Solo hay algo que no cambiaría: El día que volví a verte y como un par de idiotas no supimos reaccionar.
A ese día no le quitaré ni un segundo, cuando nos recordamos libres... amados. El día que supe que eras el desconocido que describí hace mucho tiempo.

Por desgracia, el pretérito imperfecto es un tiempo inútil, porque parece que esta historia siempre acaba como el artífice que no respetó el limite celeste y mientras el calor del Sol lo abrazó y su brillo lo inspiró para ser un Dios, despegó tan alto que solo al estrellarse pudo recordar que sus alas eran de cera. 




 





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