Tabú
Hoy he vuelto a poner esa lista de reproducción, volví a
pasar por la estación del metro que me recuerda a ti. Con ese recuerdo me
envuelvo y me acomodo para seguir el camino. Voy a un lugar distinto del que alguna vez recorrimos.
Antes miraba el camino de piedras, tratada de contar cuantas
eran. Hoy prefiero ver los árboles y respirar hondo, para que se me calmen los
nervios.
No puedo negar que escuchar estas canciones me alteran, pero
en una forma distinta a la de ayer. No puedo dejar atrás el impulso que sentí en la estación
para bajar corriendo y ver si saliendo iba a encontrarte, pero esta vez el
pensamiento siguió su curso, ya no invadió mi cuerpo, ya no fui víctima de una posesión
de angustia y desesperación.
El asunto es que desde hace tiempo pensarte se había
vuelto tabú, de esos que ameritan una pena severa si nos atrevemos a mencionarlos.
Te había restringido en mi memoria, encarcelado y avergonzado...en silencio,
siempre en silencio. Me asfixiaba pensarte, pero en los momentos de debilidad,
preferí tus recuerdos al aire. Me recostaba en el pasto, cerraba los ojos y
podía invocarte con cualquier oración, con cualquier recuerdo. Luego de unos minutos,
recobraba la conciencia del lugar en el que me encontraba, me limpiaba las
lágrimas y seguía con mi vida porque me prometí que serías fuente de inspiración
y no de miedo. Me prometí que de esa hoguera saldría viva, me prometí seguir
mirando el cielo, me prometí que el brillo de las tardes ya no sería el de tu mirada, me prometí sonrisas sin tus palabras, me prometí libertad.
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