Manos de tierra
La primera vez que mi mano rozó la suya sin querer, pude apreciar entre la aspereza, su dedicación.
Me quedé absorta contemplado sus manos, sus uñas cortas y la tierra que impedía su crecimiento.
No podría decir que eran manos sucias, la resequedad hacía notar que todas las noches intentaba tallarlas en vano. Tenía unas manos sobrecogedoras, a pesar de exponerse a trabajos arduos, no podían ocultar la elegancia con la que su compás interior las dirigía, eran manos excepcionales.
Daba la impresión, de que aquel hombre no pertenecía al lugar en el que trabajaba, aunque nunca escuché a nadie comentarlo, todos se comportaban distinto frente a él, mostraban respeto, como si un viejo roble descansara en medio de un prado.
Fui deslizando mi mano lentamente, buscaba encontrar nuevamente esa conexión extraña, esa calidez con la que su mano se posó por unos instantes sobre la mía.
Un dedo se estira
Mientras tu remueves la tierra
Manos de tierra
Los dedos no me alcanzan
para aferrarte a mí
Avanzo lento para invitarte
jamás para presionarte
tengo paciencia
pongo semillas
Con toda la calma, con toda ternura
mis manos alcanzan las tuyas
tibias las dejo caer y me siento en casa
mi corazón late despacio, se siente feliz.
Pronto me dí cuenta del error
No sólo son tus manos
Las que me dan consuelo
No sólo es nuestro momento
La tierra se esparce entre nosotros
Me río porque ahora lo sé
Tu calor no es tuyo
Le pertenece a esa tierra que remueves.
Los instantes de amor absoluto
Pueden absorber a otros cuerpos
Si algún día quedaras en medio
Disfruta el espectáculo que desprende tanta energía.

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