Cada quien sus creaciones.

-¿Tú escribes?.
A ella no le costó trabajo contestar:
-Sí-.
Y ese fue el inicio. Ese sí, que hizo eco en lo más profundo de sus pensamientos. Esa pregunta le recordó sus inmaduras invenciones. Le recordó el amor que le tiene a las palabras, a transmitir mensajes.
En su cerebro como una pequeña explosión de imágenes, desfilaron los amores perdidos, todas las tardes mirando al infinito y las noches húmedas que son propias de su afortunada imaginación.

La conversación fluyó desde la comodidad de su habitación. En un mundo paralelo, un espejo reflejaba a esa mujer. Ella soñó esa noche que miraba su reflejo, soñó su cuerpo desnudo y expuesto, su cabello, sus hombros, su pecho moviéndose al ritmo de su respiración, sus caderas, sus piernas. Todo estaba. Se dio cuenta que no solo era un reflejo, esa imagen vivía al lado de ella, eran dos mujeres, ella y "la mujer" como solía llamarla en las noches, para poder contemplarla en silencio.

Verla incrementaba su energía, se sentía virtuosa ante el espejo, salía convencida de ser dos mujeres en el cuerpo de una, que a su antojo podía transformarse.  No necesitaba dormir demasiado. Su imaginación le produjo increíbles orgasmos. Encontró inspiración por todos los rincones. Sus cuadernos tenían tantas notas que era difícil separar las teorías de los poemas y la historia se revolvió. ¡Pobre! Los espejos son frágiles, no soportan tanta energía. Una indefensa idealista.
En algún lugar se escuchó un pequeño crujido cuando entregó por primera vez el corazón
La entrega ocurrió a través de un beso. Cerró los ojos y en un acto de fe, dejó sus labios a merced de un hombre que no dudo en recibir tal regalo ¿Cuántas veces puedes decir que alguien te ofrece un corazón?
La entrega hizo al espejo retumbar. Terminó partiéndose por la mitad.
La mujer vio su reflejo por ultima vez. Vio su imagen difuminada con el cielo, con los mejores recuerdos. Desaparecía entre sueños y con ella, desaparecía la inspiración.
Y así fue como esa mujer se quedó a la deriva un día de abril. Con los brazos de su amante rodeando sus piernas. El le dijo -Eres encantadora-. Ella miró al cielo llorando, se había ido el encanto. En negación, buscó la mano de él, queriendo recuperarse. Porque al mirarse en los ojos de ese hombre,  encontraba lo que quedaba de ella y eso bastaba para hacerla vivir.
Antes en el cielo se podían ver círculos de colores y ahora presos de la maldición de esta mujer, debemos conformarnos con los vestigios que deja un arcoiris.


Comentarios

Entradas populares